Sin embargo…

Acá de nuevo compartiendo las aventuras de su seguro escritor.

– Ya vas a empezar a divagar…

– Pues la verdad dicha tu apreciación es correcta, ya que no tengo un tema para esta entrada. Es algo como el extinto programa Seinfeld, se trata de nada y de todo a la vez.

-Te digo, ¡a filosofar se ha dicho!

-Mta… ¿Pues de qué quieres que hable?

– Pues hay una infinidad de temas, por ejemplo, este año no hablaste de los Oscars…

-Este año, según mi opinión, estuvieron muy balanceados. Creo que de las categorías que conocía estuve algo acertado y me gustaron las categorías “grandes”

-Pero el oso no ganó…

-Oh, que la… Pues no, pero por lo menos estuvo nominado… Bueno, no el oso per se, pero sí los efectos de The Revenant (El Renacido).

-Hey…

-Y luego la “sorpresa” del actor secundario, que se lo dieron a Mark Rylance por su papel del espía ruso, en vez de dársela al favorito Sylvester Stallone por su papel de Rocky Balboa en Creed. Al ver puente de espías, me gustó muchísimo la actuación de Rylance, es más se me hizo mejor que la de Hanks, quien era el personaje principal.. En Creed, Stallone tiene uno o dos momentos donde se puede justificar su nominación pero nada más…

-¡Y el tren del mame de lo de DiCaprio?

-Cañón, pero lo que parece que nadie vió o quiso ver fueron dos cosas: el discurso de agradecimiento de uno de los productores de Spotlight, instando al Papa Francisco a tomar acción y dejar de hacerse pedazos con el tema de los padres pederastas y el Oscar de Ennio “Supermáster” Morricone a sus 80 y pico de años y después de cinco nominaciones…

-¿Morricone? Y ése, ¿quién es?

-¡Santo monstruo del Spaguetti!¿En serio?

-Sí…

-Sólo escucha la belleza de la música de la película The Mission (La Misión) y luego me vuelves a preguntar… (Tener una caja de Kleenex a la mano)

-Ya ves, tuvimos de algo que hablar…

– Y yo algo que enseñarte…

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Amistad vs Trabajo

Voz en off: “Este post está patrocinado por el hijo que tuvieron un cuadro de Dalí y Jackson Pollock… Si, así de abstracto y surrealista…

Primero sentemos las bases:

Cuando quieres hacer algo que está fuera de tus habilidades y que no tienes tiempo de aprender, usualmente contratas a alguien con experiencia y profesional para hacerlo, ¿cierto?

Desde cocinar algún platillo, hacer la limpieza en tu hogar o lugar de trabajo, construir algo, hacer tu puclicidad, llevar un asunto legal, implementar una solución de hardware y/o software, curarte alguna enfermedad, arreglarte la dentadura, etc.

Y si contratas a ese profesional, lo primero que le comentas como cliente es tu necesidad o requerimiento. Posteriormente, acuerdan el precio y las condiciones del servicio/trabajo y lo dejas hacer su trabajo. Al final, recibes el resultado y pagas.

¿Hasta aquí todo bien? El proceso normal, ¿cierto?

Ahora bien, si le añades en la mezcla que tu proveedor circunstancialmente es tu amigo/a, algunas personas creen que tienen alguna ventaja en el proceso anteriormente descrito.

Añaden requerimientos después de lo acordado, re-negocian el precio, modifican las condiciones del servicio, y le están marcando cual árbito de la CONCACAF.

¿Te fijaste? En el párrado anterior no mencioné el pago.

Algunos “amigo/as” se apalancan en la amistad para pedir exigir un descuento, decirte cuánto, cómo y qué cobrarles; y en algunas ocasiones, asumen que su amigo trabajará precisamente “de a gratis”, absorbiendo el costo del servicio/trabajo.

Porque, ¿qué vale más, nuestra preciosa amistad o tu trabajo?

En mi caso, prefiero perder “una amistad” a regalar mi trabajo.

¿Y tú?

Mañana de lunes…

Si tú como yo, vives en la CDMX o en su área metropolitana, tendrás alguna idea del tráfico que se genera en prácticamente cualquier punto geográfico de dicha enmarcación.

Los niveles del tráfico rayan en el rango del apocalípsis zombie, ataque de extraterrestres (a la ID4) o pandemia de lo que gustes… En resúmen, transitar en automóvil por esta bella ciudad es prácticamente un caos (nunca pensé que esta palabra pudiera cuasi sonar a un eufemismo ya que el tráfico es más que caótico), una verdadera hazaña ir del punto A al punto B, por corto que sea el trayecto.

Entonces, si eres de los afortunados como yo que tienen que lidiar con alguna manifestación de este sexto jinete del apocalípsis, la paciencia se convierte en un músculo que hay que ejercitar y ejercitar. Y cuando piensas que ya terminaste la rutina del día, vuelves a empezar forzado por las circunstancias…

Ya les he dedicado una entrada a esos seres que se brincan varios escalones hacia abajo en el árbol evloutivo y se convierten en mandriles para sorpresa y asombro de Darwin, con ellos tiene uno la oportunidad de practicar y practicar y… Bueno, me entiendes…

En uno de esos momentos en donde estaba entrando en la “zona” (dicése de ese momento a lo película de deportes en donde el público del estadio es bloqueado y se hace el tiro perfecto/anotación/gol, etc.), al voltear de repente, en el carril de al lado me encontré a una deidad que como mexicanos tenemos olvidada por muy distintas razones: Quetzalcóatl (música prehispánica de fondo, por favor).

“¿WTF, Momo? Deja de estar desayunando hongos que recogiste en el parque…”, seguramente estarás pensando. Pero no, en una Escape de color chicle Motita morado, un dibujo de Quetzalcóatl que abarcaba prácticamente la mitad de dicho vehículo.

¿Estarán tomando el relevo una vez que el Papa ha dejado tierras aztecas?

Acá seguimos…

Es curioso que cuando me entero que alguien murió me da por reflexionar acerca de la vida. Y no, no en un sentido filosófico (¿de dónde venimos?, ¿qué somos?, etc.), sino en el que siempre andamos ocupados y preocupados en cosas nimias y no por lo importante: vivir la vida.

Si, sé que puede sonar extraño, pero a lo que me refiero es a no exisitir por omisión, hay que saborear los momentos, buenos y malos, y así vivir.

Y no hay que ser un personaje importante, tener mucho dinero o ser exitoso: cualquier momento si se ve y experimenta en todo su potencial, vamos si lo gozamos, es lo que hace la vida.

Y sí, acá seguimos…

Los mandriles nalgas rojas

Si me siguen en twitter (@jcesarmo) se darán cuenta de que desde hace algunos días he estado narrando mis aventuras conforme viajo (no cuando estoy manejando, que conste) con los bien llamados “mandriles nalgas rojas”.

“¿Y quiénes son esos especímenes?” se estarán preguntando queridos lectores, me explico: Estos individuos son miembros de esa extraordinaria especie que poseen un automóvil y que los reglamentos de tránsito les vienen guangos. También forman parte de este grupo aquellos que creen que las leyes de la física no les aplican: creen que pueden ocupar el mismo espacio que otro automóvil al mismo tiempo, por ejemplo.

Los ejemplos son prácticamente infinitos: hay desde aquellos que van leyendo algún documento que tienen pendiente del trabajo, hay quienes se van terminando de acicalar (los especímenes del sexo femenino son mayoría), los que cazan (acechan parvadas de Guajolotas y las degluten en movimiento…) y los más comunes, los que usan sus teléfonos celulares.

Lo curioso es que otros aventureros han reportado otras especies como el Gorila Espalda Plateada (en la forma de un camionero pasándose el alto mientras utilizaba su móvil) y uno que otro Gibón (ciclistas que violan el reglamento a costa de sí mismos o de los transeuntes).

Uno que no he visto recientemente, es a los monos ardillas, éstos se entretienen lavándose los dientes mientras conducen su vehículo.

En fin, mi espíritu observador estará al acecho para su entretenimiento y envidia de la National Geographic.

Ustedes, ¿a quién han visto?

Pedro, mi sobrino…

Recuerdo una de las primeras veces que lo vi: era un niño de unos 10 años, le gustaban los transformers y en esa época era seguidor del grupo NSYNC.

Siendo el hermano “sandwich”, el segundo de tres hermanos, tuvo oportunidad de ser cómplice de su hermana mayor y mentor de su hermano menor.

El tiempo transcurrió inexorable y Pedro se transformó en un adolescente jovial y responsable, lo que definió sus elecciones de vida.

Llegado el momento, escogió la medicina como su meta y vía de generosidad.

Curiosamente, esta meta empató perfecto con los rasgos de su personalidad: empatía, compasión y amor al prójimo.

Avanzó un poco más el tiempo y llegó el tiempo de la graduación: la sensación de satisfacción, la alegría, el orgullo de los papás, hermanos y abuela, un nuevo inicio.

En el momento de escoger el servicio social, no tomó la vía “fácil” (en medicina, como en otras profesiones, no hay vías fáciles) y se decidió por tomar un proyecto en Chiapas. En él se desempeñaba como parte de un equipo para atender a gente necesitada, nuevamente renunciando a sus propias necesidades.

Transcurrió un poco más el tiempo y vino el fin de semana del puente del 16 de Noviembre, fin de semana diseñado en el seno de nuestro querido poder Legislativo a propósito del día marcado como festejo de la Revolución Mexicana, la cual originalmente se celebra el 20 del mismo mes.

Decidieron Pedro y sus compañeros tomar un merecido descanso y visitar un lugar conocido como “La Puerta del Cielo”, menuda ironía, el cual es un lugar relativamente vírgen donde sólo habitan algunos pescadores, sus familias y al parecer hay oportunidad de liberar tortugas que se crían ahí mismo.

Llegó el fatídico 15 de Noviembre, y en ese día, Pedro falleció.

Su deceso desencadenó una serie de eventos que sólo en el futuro seremos capaces de cuantificar y cualificar.

Las personas que quedamos atrás lo extrañamos y lo recordamos. Tenemos que seguir adelante y tenemos que aprender a vivir sin tenerlo presente físicamente.

Ese es Pedro, mi sobrino.

¡Evolución!

A partir del día de hoy nos mudamos y hacemos algunos cambios a este sitio para ofrecerles lo mejor de las andazas de un servidor.

De entrada, amables lectores y escuchas, les pido que orienten su antena a:

http://espejodemomo.info

Estoy dándole los últimos toques (que no dándome los últimos toques), para que quede al 100%, pero no quise demorar más.

Así que sean bienvenidos a  nuestra nueva y renovada casa.

Saludos y gracias por su preferencia (desde agosto 11, 2007).

#ReduxNet

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